miércoles, 27 de octubre de 2010

Despertar.

Las sábanas blancas están calientes, nuestras manos entralazadas y tu respiración juega con en mi piel. Tienes los ojos cerrados, la boca ligeramente entreabierta y tu pelo dorado se mezcla con los rayos del sol que se cuelan por el ventanal. Tus labios parecen más rosados que nunca y tu perfil más angelical de lo normal.
Suspiro y cierro los ojos rogando a Dios que este momento no se acabe nunca.

Pero los abro y tú ya no estás. La cama está fría y el sol no quiere colarse por mi ventanuco.
Te has llevado tus labios, tu pelo, tu mano, tus ojos... Te lo has llevado todo contigo, hasta mi corazón. Me lo has arrancado del pecho y ahora ya no siento nada.

Y sé que la única solución es esparar al próximo sueño para estar contigo... Y esperaré, te aseguro que esperaré.

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