
Todos nuestros recuerdos los guardo en una botella de cristal.
Los guardo precisamente aquí para poder verlos desde fuera sin tener que abrirla, corriendo el riesgo de que se salgan y se pierdan para siempre.
Y ahora que todo ha terminado, ahora que no podré añadir más recuerdos a esta simple botella, no puedo evitar colmar su contenido con una lágrima de profundo dolor.
El dolor que me supone haber perdido el sabor de tus labios, la musicalidad de tus te quieros y el aroma de tu felicidad enamorada.
Y es que has acampado en mi corazón y la policía no puede echarte ni a la fuerza. Porque eres el oxígeno que corre por mis venas, eres la chispa de vida que habita en mí y si se apaga su luz, me apago entera.
Ojalá pudiera tatuarte en la memoria que te quiero, que te querré para siempre jamás y mucho más de lo que tu imaginación pueda darte a entender, porque todavía no se han inventado palabras para lo que yo siento.
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Proyectil de margarita