En la calle, había mucha gente y absolutamente todos me miraba con una mezcla de pena y asco al cruzarse conmigo, me dolió pero aun así, no les culpo. En realidad lo que verdaderamente necesitaba era verle. Tenía la esperanza de cruzarmelo en cualquier esquina y reconocer en él un rostro de mirada pura, quizá sonriente, quizá preocupado, pero él, con sus ojos verdes y su tímida sonrisa.
Si hubiera sabido toda la verdad, la idea no hubiera sido tan descabellada. Era un pueblo pequeño, muy pequeño y además era domingo al medio día, cuando los miles de tenderetes del mercadillo invadían las calles y el pueblo entero salía a regatear con los extranjeros vendedores.
Le busqué en su bar preferido y donde solía ir a comprar el pan. No le encontré. Nunca había estado dentro de tu casa, pero sabía perfectamente donde se encontraba así que allí fui. Mantuve pulsado el botón 2A durante unos segundos y me apoyé en la puerta a esperar.
-¿Sí? -Dijo una mujer, supuse que sería su madre, pero no la conocía.
-Hola, buenos días, ¿Está Pier?
Silencio. Después sollozosos y más silencio. Me quedé de piedra mirando el telefonillo hasta que una voz masculina me asustó.
-¿Esto es una broma? No tiene ni puta gracia. Lárgate ya, antes de que te pille y te reviente a hostias.
Alucinada me quedé. Me senté en el escalón del portal encima de un periódico viejo y sí, se me escaparon algunas lágrimas. Necesitaba verle, de verdad. Parecía como si no hubieramos hablado en siglos. Él era mi mejor amigo, más que eso, era todo para mí. Con él la ausencia de mi padre al abandonarnos a mí y a mamá y él dolor en mi corazón causado por pasados novios pasaba totalmente desapercibido. No me hubiera importado que no hubiera hombres en el mundo con tal de tenerle a él.
No sabía que hacer y tampoco tenía ganas de volver a casa así que saqué el periódico que tenía debajo y comencé a hojearlo. De pronto, me quedé helada al ver que en la portada rezaba "EL PAÍS" y debajo, en letras más pequeñas "24 de julio del 2010" ¿Qué? Sería un error de imprenta o algo... era imposible que ese periódico fuera de tal fecha pero lo más raro es que era incluso más raro que ese periódico no pareciera ni de ese día, se veía viejo y sucio como de hacía un par de semanas. Confusa, me levanté y le pregunté a una señora:
-Perdone, ¿Sabe usted que día es hoy?
-Sí, señorita, domingo.
-Sí, pero... ¿Qué fecha?
-Ah... pues 17 de agosto, creo. Tal vez sea ya 18...
Me alejé dando tumbos y de pronto recordé. Recordé ese "pequeño accidente", quizá no tan pequeño. Pier y yo veníamos juntos en coche de terminar el último día de instituto. Él conducía y yo jugaba a poner mis canciones favoritas en la radio para que él adivinara los títulos. No falló ni uno. Fue entonces cuando Nala, el perro de la secretaria del alcalde, cruzó la carretera con su dueña detrás, intentando capturar su mascota. Ninguna de las dos nos vio hasta el último momento y lo mismo pasó con Pier y conmigo. Pier dio un volantazo y el coche se estrelló mientras sonaba Maggie May.
... Adiós, Pier. Adiós a mi vida.
Wake up Maggie, I think I've got something to say to youIt's late September and I really should be back at school
I know I keep you amused, but I fell I'm being used
Oh Maggie, I couldn't have tried any more
You led me away from home
Just to save you from being alone
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Proyectil de margarita