Prudence. Su mejor amiga. Mejor amiga... ¿Qué significan estas dos palabras? ¿Es un simple título que se le da a una persona porque te ha acompañado desde la más tierna infancia a la adolescencia? ¿Era eso? En cualquier otro momento Sadie habría afirmado rotundamente que no, pero aquel no era un momento cualquiera y Sadie tuvo enormes dudas sobre aquellas dos simples palabras.
¿Qué sabía Prudence sobre ella? ¿A caso la conocía lo más mínimo? ¿A caso todos esos años no habían servido para nada? No conseguía obtener las respuestas. Pero fuera como fuese, Prudence la estaba haciendo daño o bien por no conocerla o bien por egoísmo. Daño de verdad.
¿Y qué podía hacer ella al respecto? Nada, absolutamente nada. Aunque en el fondo le revolviera la rabia y el enfado, la lástima y la pena, no podía hacer nada más que contentarse con mirarse al espejo y soltar un enorme discurso sobre lo que le diría a Prudence si tuviera valor:
Me has decepcionado, Prudence. Creí que había ciertas cosas que no se preguntan, simplemente se saben. Y no, no me digas que no eres adivina porque en este sentido deberías serlo, deberías conocerme como te conozco yo a ti, deberías saber que significan las expresiones de mi rostro, las veces que te digo sí queriendo decir no, lo que significan mis silencios. 13 años joder Prudence, 13 años en los cuales no has aprendido nada sobre mí. Qué gran decepción.

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