Se tapa la cara con las manos porque no quiere ver. No quiere ver lo que pasa, no quiere ver lo que ha hecho.
Se siente estúpida y voluble, una niñata cualquiera. Nadie sabe lo que quiere y menos lo sabe ella. El caso es que duele, todo duele. Pero no es justo, o eso piensa ella, porque no saber lo que quieres solo conlleva dolor, dolor sinsentido, dolor absurdo y del cual no se sabe su procedencia. ¿Por qué no hay felicidad también? Felicidad sinsentido, felicidad absurda y de la cual no se sabe su procedencia, ¿Por qué no hay de eso en su corazón?
Se siente débil, menuda. Con una gran capacidad para hacer daño allá donde pone la mirada, o mejor dicho, donde pone el corazón.
"La felicidad me odia", piensa. Y sí, tiene razón, la odio.

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Proyectil de margarita