sábado, 13 de febrero de 2010

Usar y tirar



Hola, tengo a penas unos dos minutos de vida, la tez muy blanca, huelo realmente bien y no puedo abrir los ojos.


Hola, soy un pañuelo de papel de la marca Kleenex.




Un niño pelirrojo de ojos verdes y pecas en la cara me acaba de sacar de un paquete en el que dormía plácidamente con otros como yo. Nada más sacarme, me sacude al aire para desdoblarme, quiere aprovecharse al máximo de mí. Me duele un poquito pero no me quejo, al fin y al cabo, existo para eso. Después de desdoblarme veo como me dirige a su nariz.


(...)


Oh, no. Ha sido horrible, pero lo he hecho por él. Porque aunque no se lo diga, me cae muy bien ese chico pecoso. Yo le aprecio, de verdad. Le pido con ojos de suplica que me guarde en ese estuche que tiene en la mesa, tiene pinta de cómodo y yo estoy realmente cansado. Me dice que no con la mirada y yo me resigno. Pero...¿Qué hace? Veo como coge un bonito lápiz azul claro y lo guarda dentro ¿Por qué a mí no? Será por algo en especial, en el fondo sé que le importo... Me guarda en un bolsillo de su pantalón en el que casi no quepo pero bueno, no me quiero quejar demasiado.


Al final del día, después de haber soportado múltiples viajes a su pecosa nariz en los que sufrí, sufrí de verdad, me saca de su claustrofóbico bolsillo. ¡Por fin! ¡No cabía en mí de gozo! Hasta que de pronto veo que me sujeta solo con dos dedos y con una expresion de asco en el rostro. ¿Qué pasa, pelirrojo? Veo como me lleva hacia un cilindro negro y... me arroja, sin más, caigo al vacío, después de todo lo que he hecho por ese pequeño pecoso...

1 comentario:

  1. Bua... Voy a andarme con cuidado a partir de ahora con los pañuelos xD, que soy demasiaado mocosa xDDD.

    ResponderEliminar

Proyectil de margarita